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‘El comité que elegirá a nuevos consejeros del INE está debilitado’: Jaime Rivera

30 Mar 2026
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‘El comité que elegirá a nuevos consejeros del INE está debilitado’: Jaime Rivera Imagen tomada de: https://x.com/JaimeRiveraV
  • El INE enfrenta dudas sobre la imparcialidad en la designación de nuevos consejeros tras cambios en el Comité Técnico de Evaluación y la salida de integrantes clave

El consejero Jaime Rivera advirtió que el Comité Técnico de Evaluación que elegirá a los tres nuevos integrantes del Instituto Nacional Electoral (INE) está debilitado, pues tras la extinción del Instituto Nacional de Transparencia Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), que tenía la facultad de nombrar a dos representantes, ahora la decisión recae en cinco integrantes nombrados por dos órganos que –dijo– han mostrado falta de imparcialidad: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados.

En entrevista con El Financiero, el consejero Rivera –que junto con las consejeras Claudia Zavala y Dania Ravel dejará el Consejo General del INE el 4 de abril tras concluir el periodo para el que fue nombrado– dijo que debe prevalecer la prudencia y el deber democrático para que los nombramientos alcancen el consenso más amplio y no se repita la tómbola, como ocurrió en 2023.

“Ese comité técnico ya quedó debilitado porque de siete miembros a dos los proponía el Inai, que ya lo extinguieron, a otros dos los propone la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, bueno los nombra, que no ha dado muchas muestras de imparcialidad. Y los otros tres deberían ser designados por consenso de la Junta de Coordinación política de la Cámara de Diputados. Con ese diseño, aún ahora imperfecto, mutilado en cuanto a su composición, yo espero que prevalezca la prudencia y el deber democrático para que los nombramientos de estos tres puestos de consejerías sean nombrados por el consenso más amplio posible”.

Rivera dijo que, aun con el debilitamiento del comité, los tres nuevos consejeros tienen el deber de actuar con imparcialidad, pues es una obligación constitucional.

“Es deber de todos los consejeros, de los 11, actuar con imparcialidad y con independencia en las decisiones. Es deber de todos y cada uno, si alguien falta ese deber, será su responsabilidad”, expuso.

Tras nueve años en la llamada herradura de la democracia, Jaime Rivera indicó que su paso por la institución es de claroscuros, pues afirmó que el INE ha cumplido su función de organizar elecciones, algunas de ellas, dijo, extraordinarias y apresuradas como la judicial o la revocación de mandato, pero también se ha enfrentado a un constante asedio a su autonomía, siendo el punto crítico la reforma electoral de 2022 impulsada por el expresidente López Obrador que fracasó y el posterior plan B que la Corte declaró inconstitucional.

“Ha habido en los últimos años momentos difíciles en los que ha habido campañas de desprestigio contra el INE, un asedio contra su autonomía y a veces presiones para que el INE tomara decisiones en un sentido o en otro, pero el INE, dotado de autonomía y con el compromiso de consejeras y consejeros por apegarnos a la ley, ha resistido y debe seguir haciéndolo”, sostuvo.

Con información de: https://www.elfinanciero.com.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.