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Presidente del Senado llama a Donald Trump a modificar decisión de expulsar a millones de migrantes

20 Dic 2024
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Presidente del Senado llama a Donald Trump a modificar decisión de expulsar a millones de migrantes Imagen tomada de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores

Se trata de una política pública infame e inaceptable, que en pleno siglo XXI no debería suceder en ninguna circunstancia, señala Gerardo Fernández Noroña.

El presidente del Senado de la República, Gerardo Fernández Noroña, hizo un llamado al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, para que modifique su decisión de implementar una política migratoria restrictiva durante su gobierno, que incluye la deportación masiva de familias que aportan a la economía estadounidense y que ya forman parte de ese país.

En Chicago, desde la Plaza de las Américas, el senador señaló que la política pública que se pretende instrumentar “es infame e inaceptable”, una medida que en pleno siglo XXI no debería suceder en ninguna circunstancia.

“Como presidente de la Cámara de Senadores le pido que modifique esa decisión, que haga justicia. Usted dice que quiere volver a hacer a América grande”, destacó.

Pero “no puede haber una América grande con racismo, no puede haber una América grande con discriminación, no puede haber una América grande que niegue a sus hijos y a sus hijas, que han contribuido para la grandeza de este país y que ya es su patria”, y con la amenaza de ser expulsados y de dividir a las familias, agregó.

Esta medida, subrayó, no es humana ni justa y tampoco se apega a la Declaración de Independencia de ese país que establece que el ser humano tiene derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

“No han encontrado aquí la felicidad mis compatriotas y si la han encontrado ha sido porque nuestro pueblo es muy grande y se impone a los obstáculos, a las dificultades y al sufrimiento”, expuso.

Esas personas migrantes, dijo, ya son parte de Estados Unidos, pues se trata de ciudadanos estadounidenses que contribuyen con sus impuestos y no reciben nada a cambio, pero sí “reciben desprecio, maltrato y racismo”, a pesar de que con su trabajo y su cultura “han enriquecido a esta gran nación”.

“Podría hablar sólo de los mexicanos, pero estoy hablando de todo ser humano que migró aquí, pensando que era la tierra de las libertades, de las oportunidades, donde podrían salir adelante, y no han pedido nada regalado, ni siquiera tienen un programa social, les niegan hasta una licencia, les niegan el trato humano más elemental”, señaló.

Destacó que millones de personas migraron a Estados Unidos y viven aquí desde hace décadas, de muy diferentes nacionalidades. Hay quienes desde hace más de 30 años llegaron a trabajar a la Unión Americana y con su esfuerzo han contribuido a la riqueza de este país, han creado negocios y sólo por no ser anglosajones se les discrimina, persigue, incrimina, hostiliza y se pretende sacarlos de esta que es su patria.

En el caso de las mexicanas y los mexicanos, asentó, el volumen económico que generan es de 3.7 trillones de dólares, “y no están pidiendo nada que no les pertenezca”.

Por ello, expresó, “le pido que abra su corazón, que se asuma que el color de piel no tiene ninguna relevancia”.

Recordó que Martin Luther King luchó a mediados del siglo XX por la igualdad entre afroamericanos y blancos, y pagó con su vida por una “exigencia tan básica” como lo es el respeto a la dignidad del ser humano.

Con información de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.