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Denuncia se redactó desde la oficina de Norma Piña

18 Abr 2024
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Denuncia se redactó desde la oficina de Norma Piña Imagen tomada de: https://twitter.com/juncalssolano
  • Arturo Zaldívar aseguró que no tiene problema con el Poder Judicial de la Federación sino con Norma Piña

 

Luego de que se diera a conocer en días pasados una denuncia anónima contra el ministro en retiro, Arturo Zaldívar, por presuntos actos de corrupción, el expresidente de la SCJN denunció este jueves que la demanda se redactó desde la oficina de la presidenta de la Corte y del CJF, Norma Piña.

 

En entrevista para Grupo Fórmula, Zaldívar señaló que, Norma Piña confesó al emitir un comunicado que la filtración de la denuncia salió de su oficina y argumentó que se trata de una ‘operación orquestada’.

 

“La ministra Piña avienta la Piedra y esconde la mano. Esto no es una filtración es una operación orquestada, 24 horas antes de que se diera a conocer públicamente en todos los chats y en las redes el auto admisorio de la denuncia, esta supuesta demanda anónima que muy probablemente se redactó en la oficina de la ministra Piña, empezó a circular en todos los chats judiciales de una manera impresionante y, antes de 24 horas la admite y después se distribuye masivamente en todos los chats de los periodistas desde el Poder Judicial”, dijo.

 

Asimismo explicó que, pese a que medios de comunicación hayan retomado la demanda hasta el momento hay pruebas ni se ha llevado el procedimiento que afirme las presuntas faltas administrativas en el Poder Judicial de la Federación (PJF).

 

“Al final esta denuncia solamente inicia el procedimiento contra 6 o 7, contra sus enemigos preferidos y dentro de ellos a cuatro jueces federales por la única falta de haber fallado a favor del gobierno federal y ¿dónde esta la dependencia judicial que tanto defiende Norma Piña?” cuestionó.

 

Zaldívar aclaró que en el comunicado se admitió la denuncia debido a que se dieron circunstancias de tiempo, modo y lugar.

 

 “En relación a mi persona no hay una sola circunstancia de tiempo, modo, lugar no solo eso ni siquiera se me señala una sola conducta concreta esto obviamente se tendría que haber desechado (…) Sí es una denuncia anónima, si no se me señala ninguna conducta concreta, sino tienen un procedimiento para el cual poder tramitar esta queja ¿por qué se admitió (tratándose de mi)? ¿por qué no se desecho? y ¿por qué se difundió públicamente de esta forma? Obviamente la intencionalidad política de Norma Piña está claro, la manera de querer intervenir en el proceso electoral es descarada, ese mismo comunicado confiesa todo”, sostuvo.

 

No obstante, aseguró que no tiene problema con el Poder Judicial de la Federación sino con Norma Piña.

 

“Mi problema no es con el Poder Judicial, yo siempre he dicho que yo respeto y tengo consideración a la inmensa mayoría de los integrantes del Poder Judicial no solo las personas juzgadoras (…) pero nuestro problema no es con la Corte no es con el Poder Judicial es con Norma Piña que está usando la Corte y el Poder Judicial sin consentimiento y conocimiento de los consejeros para dañar la imagen de muchas personas y para incidir y afectar políticamente”.

 

Con información de: El Financiero


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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.