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Escritora Adriana Díaz presenta su libro “Ciudad doliente de Dios”

16 Ene 2019
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México, (Notimex).- Al narrar la historia de “Cristina”, una niña a quien sus padres dejan en un convento que acoge huérfanos, la escritora Adriana Díaz Enciso presenta su libro “Ciudad doliente de Dios”.

Desde muy pequeña, “Cristina” da muestras de que está llamada a un destino superior, pues tiene visiones místicas. Luego de sufrir una fiebre casi letal, despierta del delirio con un lenguaje desarrollado y preciso, con conocimientos ajenos a sus años, se explicó en un comunicado.

Desde entonces sabe que le corresponde encontrar una ciudad donde será posible abolir el imperio de la muerte, donde habrán de imperar el arte y el conocimiento, donde el amor, el perdón, la piedad y la belleza redimirán todo el inútil sufrimiento del hombre.

La espera una larga ruta donde, en su búsqueda, verá una ciudad consumida, ensangrentada, derrumbándose, los habitantes en agonía y, entre todo esto, un jinete que a su paso difumina el horror para dejar en su lugar un mundo plácido después de la destrucción.

En esta novela, la voz narrativa de Adriana Díaz Enciso es, al mismo tiempo, sutil y poderosa como la fe.

La escritora radica en Londres desde 1999. Ha publicado novela, libros de relatos y poesía. También ha colaborado para más de 30 periódicos y revistas en México y el extranjero.

Escribió la letra de muchas canciones de la banda de rock Santa Sabina y también obras de teatro y ópera. Fue guionista del programa de televisión “La hora marcada”.

Sus novelas anteriores son “La sed” (2001), “Puente del cielo” (2003) y “Odio” (2012).

 

 

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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.