Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Él fue Manuel Felguérez, el zacatecano que irrumpió en las artes plásticas de México

09 Jun 2020
266 veces
  • El artista plástico mexicano falleció a los 90 años. Te contamos los detalles de su vida y obra.

 

El escultor y pintor Manuel Felguérez falleció el domingo a los 90 años, informó este lunes el gobernador de Zacatecas, Alejandro Tello.

 

El artista plástico no solo marcó un hito para su estado natal, sino para todo el país. Sus obras dieron la vuelta a todo el mundo y fue un destacado integrante de la Generación de la ruptura.

 

Te contamos más sobre su vida y obra.

 

*Manuel Felguérez Barra nació el 12 de diciembre de 1928 en Valparaíso, Zacatecas.

 

*En 1935, llegó a la Ciudad de México. Ahí, estudió en la Academia de San Carlos y en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado 'La Esmeralda'.

 

*Para la década de 1940, Felguérez obtuvo una beca para estudiar en Francia, donde formó parte de las academias de la Grande Chaumier y Colarossi, ambas en París.

 

*Fue durante su estancia en el país galo donde adoptó un estilo en el que las figuras geométricas tuvieron gran peso, según una entrevista realizada en TV UNAM.

 

*Formó parte de la Generación de la Ruptura, conformada por artistas plásticos de la talla de Vicente Rojo y José Luis Cuevas. Esta agrupación cuestionaba y confrontaba los lineamientos seguidos por pintores como Diego Rivera o José Clemente Orozco, quienes se ceñían a los cánones de la Escuela Mexicana de Pintura, la cual enaltecía el nacionalismo.

 

*Para los años 70, Felguérez comenzó a experimentar en su obras con plásticos, fierros viejos y materiales de desecho.

 

*Durante su carrera, fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes, el Gran Premio de Honor en la XIII Bienal de Sao Paulo, Brasil y fue designado en 1993 como creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

 

*Su obra ha sido expuesta alrededor del mundo. En México, las muestras han estado presentes en sitios como el Museo de Arte Moderno (MAM), el Museo Rufino Tamayo y el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).

 

*Algunos de los proyectos en los que estuvo involucrado fueron La máquina estética y El espacio múltiple.

 

*Otras de sus obras célebres son Osa Mayor (ubicada en Chihuahua), Canto al Océano y Mural de hierro.

 

*Su escultura Variante de la llave de Kepler forma parte de las obras que conforman el Espacio Escultórico de la UNAM, ubicado en Ciudad Universitaria.

 

*Se casó en dos ocasiones: la primera, con la artista plástica Lilia Carrillo y la última con Mercedes Oteyza. Tuvo dos hijos.

 

Con información de: El Financiero - MUAC y TV UNAM

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.