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Sí, los nachos tienen su origen en alguien de nombre Ignacio. Aquí su historia

15 Ago 2019
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Un día como hoy, pero de 1895, nació el mexicano Ignacio Anaya García, quien revolucionó la cocina cuando derritió queso Wisconsin sobre totopos y rebanadas de chile jalapeño, creando los "nachos especiales".

Este jueves, Google celebra a 'Nacho' por su invención culinaria con una ilustración del artista Alfonso de Anda.

Esta es la historia de la creación de este platillo:

En 1943, Anaya García trabajaba como Maître en el restaurante Club Victoria, ubicado en la ciudad de Piedras Negras, Coahuila. Al lugar llegó un grupo de mujeres estadounidenses, esposas de soldados, y pidieron algún snack. Al no encontrar un chef, Anaya García improvisó lo que ahora conocemos como nachos.

Sobre este momento hay distintas versiones. Según El País, algunas apuntan que era muy temprano y la cocina no estaba lista para servir nada, mientras que otra indica que ya era tarde, estaban a punto de cerrar, y no había personal.

Estos "nachos especiales" fueron agregados al menú del lugar, replicados en otros establecimientos de la ciudad y añadidos en un libro de cocina estadounidense en 1949. Once años después, Ignacio García abrió su propio restaurante: El Nacho.

De acuerdo con Time, Anaya García murió en 1975, pero su hijo, Ignacio Anaya Jr., residente de Eagle Pass, mantuvo viva la receta familiar. El medio cita una entrevista que el hijo tuvo con San Antonio Express-News en 2002, donde cuenta que quiso ayudar a su padre a reclamar la propiedad de este platillo en 1960, pero no lo lograron.

El hijo de Anaya García incluso ha sido juez del festival anual del nacho en Piedras Negras, que se lleva a cabo en octubre, señala Time.

En Piedras Negras, un grupo de amigos empresarios, en honor a Ignacio Anaya y al platillo, instauraron en 1995 que el 21 de octubre de celebrara el Día Internacional del Nacho, de acuerdo con El País.

 

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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.