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Fecha:
Enero 2025
El periplo judicial para darle congruencia a la reforma judicial de AMLO-Sheinbaum, está plagado de inconsistencias y de coletazos del autoritarismo para imponerla
Publicado en Notas principales
Seguro, abasto de agua: La recarga de aguas superficiales que alcanzaron ríos, presas y arroyos, gracias a las lluvias de 2024, permitirán que no haya grandes problemas de abastecimiento de agua en los primeros meses del año en la Ciudad de México
Publicado en Estados
Lunes, 17 Febrero 2025 09:10

Aliento diario, lunes 17 de febrero

Aliento diario, lunes 17 de febrero
El verdadero amor debe ser transformador; es un proceso que amplifica nuestra capacidad de amar no ya a una persona, sino a todos nuestros semejantes. Nos hace más fuertes, nos eleva y nos permite adquirir profundidad como seres humanos pero, en definitiva, solo podemos formar una relación así con alguien que sea adecuado para nosotros. Lo mismo cabe decir de la amistad. Todo lo que hagan ahora, en la juventud, para perfeccionarse como seres humanos, les permitirá crear lazos de amistad sincera el día de mañana.
 
Joyas del Corazón, lunes 17 de febrero
Esta existencia es irreemplazable. Nuestra vida es lo más precioso y noble que pueda existir. No pase una juventud de la cual tenga que arrepentirse después. Sepa vivir su etapa juvenil para que al final pueda sonreír y declarar: 
“¡ Fui verdaderamente feliz ! ¡ Gané ! ”.
Publicado en Soka Gakkai
La industria de reuniones es un motor de transformación. En un mundo donde la tecnología nos mantiene hiperconectados
Publicado en Turismo
El registro a dicho programa se está realizando a través del referido censo donde participan aproximadamente 20 mil servidores de la nación
Publicado en Notas principales
La amenaza de aranceles al aluminio y acero,  no es nada para lo que están pensando en Washington para doblegar al gobierno mexicano
Publicado en Notas principales
Viernes, 14 Febrero 2025 08:07

Aliento diario, viernes 14 de enero

Aliento diario, viernes 14 de febrero
La pasión inspira pasión y lo mismo sucede con la sinceridad. El diálogo genuino consiste, precisamente, en esta clase de interacción profunda de vida a vida.
 
Joyas del Corazón, viernes 14 de febrero
Ningún ser humano viene al mundo solo, tampoco llega a ser una persona de bien sin la compañía de otros. En general, todos nacemos y crecemos en el seno de una familia hasta alcanzar la madurez. La pareja, los padres e hijos y los hermanos están unidos por una ley imperceptible para nuestros ojos. Ciertamente, ese vínculo espiritual es la cristalización de una verdadera familia.
Publicado en Soka Gakkai
Los aeropuertos generan empleos, fortalecen economías y facilitan el comercio con el mundo
Publicado en Turismo
Se quiso adecuar el esquema de las cuotas al seguro de salud, pero lo que se obtuvo fue castigar  más a los trabajadores
Publicado en Notas principales
Se entrevistará a las personas integrantes de las ternas los días 17 y 19 de febrero
Publicado en Hoy en las noticias

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.