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Sheinbaum dona 20 mil pesos a Cuba tras llamado de AMLO... y reconoce ‘problemas con la cuenta’

30 Mar 2026
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Sheinbaum dona 20 mil pesos a Cuba tras llamado de AMLO... y reconoce ‘problemas con la cuenta’ Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein
  • Sheinbaum dijo que su depósito fue hecho a manera personal, ‘no como presidenta de México’, y remarcó que la amistad entre nuestro país y Cuba tiene décadas de historia

El ‘cochinito’ de AMLO para ayudar a Cuba creció más con el depósito de 20 mil pesos, hecho por la presidenta Claudia Sheinbaum.

La mandataria de México anunció que hizo una donación a Humanidad con América Latina, la asociación civil promovida por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y criticada por la oposición por sospechas de lavado de dinero.

“Fueron 20 mil pesos de manera personal, como Claudia Sheinbaum Pardo, no como presidenta de México. Que por cierto había muchos problemas con la cuenta”, comentó en la ‘mañanera’ de este lunes 30 de marzo.

Entre los políticos que ya donaron a la cuenta de Humanidad con América Latina están Gerardo Fernández Noroña, quien depositó 64 mil pesos. De acuerdo con el grupo, el dinero reunido se utilizará para la compra de medicinas y alimentos, entre otros insumos.

Cuestionada sobre el cambio de posición de Donald Trump sobre la llegada de petróleo a Cuba, Sheinbaum remarcó que la relación de amistad entre la isla y Cuba se remonta incluso antes de las sanciones de Estados Unidos.

“Antes de la revolución cubana, de los pocos países que dieron solidaridad a México con la expropiación petrolera fue Cuba”, destacó.

Sheinbaum remarcó que las sanciones de la administración de Donald Trump, si bien son formalmente contra el Gobierno de Miguel Díaz-Canel, “¿a quiénes dañan? A los pueblos".

“Lo que siempre hemos dicho es que México tiene todo el derecho de enviar combustible, ya sea por razones humanitarias o comerciales, pero que no queremos afectar a México”, afirmó.

Con información de: https://www.elfinanciero.com.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.