Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Si se vulnera la autonomía del INE, se afectará el T-MEC: Coparmex

07 Ago 2025
306 veces
Si se vulnera la autonomía del INE, se afectará el T-MEC: Coparmex Imagen tomada de: https://x.com/Coparmex
  • Integrantes de la Coparmex aseguraron que el ánimo de inversión podría reducirse en el país debido a la reforma judicial y electoral

La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) advirtió que una reforma electoral que debilite la autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE) y distorsione la representación proporcional podría afectar la revisión del T-MEC, pues generaría incertidumbre entre los inversionistas por el debilitamiento democrático.

“El ánimo para invertir en el país se deteriorará aún más tras los resultados de la cuestionada elección del Poder Judicial y el nuevo desafío que representa la reforma electoral como factores que atentan a la certeza jurídica y con ello al acuerdo comercial T-MEC”, alertó Juan José Sierra, presidente de la Coparmex.

En la presentación de los resultados del Informe de la Observación Electoral de la Elección del Poder Judicial, Sierra Álvarez sostuvo: “Cualquier reforma que vulnere la autonomía del INE, que distorsione la representación proporcional o que cierre espacios a la pluralidad política no será un avance, sino un retroceso democrático”.

La Coparmex fue el organismo con más observadores acreditados ante el INE para la elección del 1 de junio; estuvieron presentes en más de 60% de los distritos federales.

“Si la inversión está a la baja, no es el momento para más inestabilidad al país, en un momento que tenemos que tener certeza, pero también certeza ante estas amenazas externas globales.

“Por supuesto que afecta (la reforma electoral a la certidumbre), está signado y está firmado en el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá la garantía, es decir, que está de por medio el garantizar las inversiones de las empresas de Estados Unidos y Canadá en nuestro país”.

Con información de: El Financiero

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • Febrero 2026
    Congreso que no manda: entre la reforma electoral y la obediencia política
    El arranque del segundo periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión confirma una realidad incómoda pero cada vez más evidente: el Poder Legislativo ha dejado de comportarse como un contrapeso y opera, en los hechos, como una extensión administrativa del Ejecutivo. Lejos de marcar agenda propia o ejercer su función constitucional, el Congreso parece más una oficina alterna de la Secretaría de Gobernación que un poder autónomo del Estado mexicano.
    El inicio del periodo legislativo estuvo marcado por la simulación. Una sesión breve, discursos previsibles y, de inmediato, un receso que envía un mensaje claro a la ciudadanía: no hay urgencia, no hay prisa y no hay conciencia del momento político que vive el país. Mientras los problemas nacionales se acumulan, diputados y senadores administran su tiempo como si gobernar y legislar fueran actividades accesorias.
    En este contexto, la salida de Adán Augusto López del primer círculo de poder no es un episodio menor. Su paso por la Secretaría de Gobernación dejó una huella profunda en el Congreso, particularmente en el Senado, donde se construyó una estructura política leal, disciplinada y eficaz para operar las decisiones del Ejecutivo. Hoy, esa red está bajo revisión y su reacomodo marcará el verdadero equilibrio interno del oficialismo.
    El reordenamiento no implica necesariamente una ruptura, pero sí una redefinición de mandos y lealtades. La pregunta de fondo es si el Congreso aprovechará este momento para recuperar márgenes de autonomía o si simplemente cambiará de operador político sin alterar su lógica de subordinación. Hasta ahora, todo indica que se optará por lo segundo.
    La discusión sobre la reforma electoral ilustra con claridad este fenómeno. Anunciada como una transformación profunda del sistema democrático, la iniciativa ha terminado por diluirse en una versión funcional, cuidadosamente negociada para no incomodar a los aliados del oficialismo. El PT y el PVEM aceptaron ajustes como la reducción de prerrogativas y cambios en la representación plurinominal, pero lo hicieron a cambio de preservar cuotas de poder y espacios de negociación.
    No se trata de una reforma pensada desde el interés público, sino de un ejercicio de administración política. La prioridad no es fortalecer la democracia ni corregir distorsiones del sistema electoral, sino garantizar gobernabilidad legislativa y estabilidad interna rumbo a los próximos procesos electorales. El Congreso, una vez más, actúa como ejecutor de acuerdos cupulares y no como foro de deliberación nacional.
    Pero sería un error cargar toda la responsabilidad al bloque gobernante. La oposición tampoco ha estado a la altura del momento. Fragmentada, reactiva y sin una estrategia clara, ha renunciado a su papel de contrapeso efectivo. Oscila entre la protesta simbólica y el discurso incendiario, sin construir una agenda legislativa sólida ni articular una alternativa creíble frente al poder.
    La inoperancia opositora termina por reforzar la hegemonía del oficialismo. Sin presión real, sin debate profundo y sin costos políticos, el Congreso se convierte en un espacio cómodo para la obediencia. El resultado es un Legislativo irrelevante, incapaz de representar la pluralidad del país y ajeno a las demandas ciudadanas.
    Lo que se espera del Congreso en este segundo periodo es mucho más de lo que hasta ahora ha mostrado. Se requiere un Poder Legislativo que legisle, que cuestione, que modifique y que, cuando sea necesario, frene. Un Congreso que deje de actuar como ventanilla de trámite del Ejecutivo y asuma su responsabilidad histórica.
    Si el Congreso insiste en comportarse como una oficina alterna de Gobernación, la democracia mexicana seguirá perdiendo uno de sus pilares fundamentales. La autonomía no se decreta, se ejerce. Y hasta ahora, en San Lázaro y en el Senado, esa voluntad simplemente no se ve.