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Transforman mexiquenses piedras de obsidiana en piezas artesanales de ornato y objetos utilitarios

06 Ago 2024
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Transforman mexiquenses piedras de obsidiana en piezas artesanales de ornato y objetos utilitarios Imagen tomada de: http://edomexinforma.com.mx/
  • Artesanas y artesanos trabajan con este material como lo hicieron sus ancestros desde tiempos precolombinos 
  • Realizan todo tipo de trabajos, desde artículos utilitarios hasta obras icónicas y ceremoniales 

La región noreste del Estado de México es conocida a nivel mundial por las impresionantes Pirámides de Teotihuacán, pero también por sus bellas piezas de obsidiana que han contribuido a enriquecer la mitología en torno a la civilización Teotihuacana.

 

Parte de su desarrollo fue gracias a la explotación y distribución de la obsidiana, misma que era extraída de dos yacimientos principales: el de la Sierra de las Navajas, actualmente estado de Hidalgo y el de Otumba, en lo que hoy es el Estado de México.

 

La obsidiana se utilizaba principalmente para realizar instrumentos de trabajo, enseres domésticos, herramientas para la cacería y armamento; sin embargo, uno de sus usos más especiales fue para la vestimenta de emisarios militares, incluso como símbolo de poder para altos dirigentes de otras culturas, como la civilización Maya.

 

Además, las obras realizadas con piedra de obsidiana fueron utilizadas para entregar ofrendas a las pirámides del Sol, de la Luna y al templo de Quetzalcóatl.

 

Actualmente, las nuevas generaciones de artesanas y artesanos han dedicado su vida a cultivar este noble oficio creando obras que cautivan la atención de visitantes nacionales y extranjeros.

 

Entre las piezas más representativas están las famosas máscaras de la dualidad de la vida y la muerte, decoradas con bellas incrustaciones de concha nácar y obsidiana verde; también son muy apreciadas las figuras de ídolos, animales o las puntas de lanza.

 

Este arte se ha diversificado y se pueden adquirir una gran diversidad de objetos, ya sean utilitarios o de ornato como tazas, vasos, copas, candeleros, pisapapeles y abrecartas.

 

Además de accesorios de uso personal como anillos, collares, brazaletes, pulseras, aretes y dijes, que se suman a la oferta artesanal de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, ambos Pueblos Mágicos de la entidad mexiquense.

 

El Instituto de Investigación y Fomento de las Artesanías del Estado de México (IIFAEM) invita a visitar los puntos de venta y Tiendas de Artesanías “Casart” para adquirir alguna bella pieza de obsidiana y descubrir parte de la riqueza artesanal del territorio mexiquense.

Con información de: http://edomexinforma.com.mx/

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.